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La transición hacia los vehículos eléctricos es una de las transformaciones más profundas de la industria automotriz global en más de un siglo. Se habla de modernización, sostenibilidad e innovación, pero tras ese consenso emergen preguntas clave: ¿vamos todos hacia el mismo destino? ¿Y quién va realmente al volante?

En México, la electrificación avanza. Según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), de enero a junio de 2025 se vendieron 65,950 unidades entre híbridos, híbridos conectables y eléctricos; 22 % más que en 2024, y que representa 9.7% de las ventas totales de autos nuevos. Aunque aún lejos de mercados maduros, el fenómeno deja de ser marginal.

Mientras países como Noruega prohíben la venta de autos a combustión interna y marcas como BYD o Tesla lideran en ventas eléctricas, otras automotrices optan por rutas distintas. Toyota, por ejemplo, ha defendido una estrategia multipathway, que incluye híbridos, eléctricos, hidrógeno y mejoras a la combustión. En Brasil, por ejemplo, desarrolló un motor híbrido-flex de alta eficiencia. Su lógica: no todos los mercados avanzan igual ni cuentan con la misma infraestructura energética.

Por su parte, Volkswagen y Fiat han apostado por optimizar sus tecnologías actuales, desarrollando motores más limpios y eficientes como parte de una transición gradual. Volkswagen, por ejemplo, impulsa soluciones como BlueMotion, orientadas a reducir el consumo y las emisiones sin comprometer el rendimiento. Este enfoque busca responder a las condiciones reales de mercados donde la infraestructura para vehículos eléctricos aún es limitada.

En contraste, fabricantes chinos como BYD, que buscan un dominio absoluto de la electrificación, respaldados por subsidios estatales y control de la cadena de baterías. Sin embargo, la reciente cancelación de su planta en México, ante temores geopolíticos, demuestra que el camino eléctrico también enfrenta obstáculos.

México tiene una posición estratégica. Con una sólida base manufacturera, acuerdos como el T-MEC y cercanía con EE. UU., podría ser un nodo clave en la nueva movilidad. Pero enfrenta desafíos: ¿cómo atraer inversión tecnológica ante las tensiones entre EE. UU. y China? ¿Cómo impulsar infraestructura de carga, baterías y talento técnico?

Este último punto es crítico. Según el estudio de ManpowerGroup 2025, 80 % de las empresas automotrices y logísticas y 77 % del sector TI tienen dificultades para cubrir vacantes con habilidades en inteligencia artificial, automatización o análisis de datos. Sin estas capacidades, escalar la infraestructura de carga o digitalizar procesos es inviable. México debe acelerar la formación y reconversión de talento, con alianzas universidad-industria que respondan al nuevo perfil del sector.

La oportunidad está ahí, pero exige visión estratégica. No basta con producir autos eléctricos: se necesita un ecosistema que abarque desde la minería de litio hasta el reciclaje de baterías, con colaboración de universidades, startups y gobiernos locales. También es clave que México defina una postura clara: ¿quiere ser solo un ensamblador de bajo costo o un socio tecnológico de alto valor?

El futuro de la movilidad será eléctrico, sí, pero también plural. Algunas regiones apostarán por eléctricos puros; otras, por híbridos o biocombustibles. Lo que está en juego no es solo la tecnología del vehículo, sino el modelo industrial, energético y geopolítico que lo sustenta.

En este escenario, México puede – y debe – jugar un papel activo. No se trata de elegir entre Tesla o Toyota, entre electrificación total o motores híbridos. Se trata de construir una estrategia nacional que combine innovación, integración regional y visión de largo plazo.

La movilidad del futuro no tiene un solo carril. Pero quedarse quietos, sin duda, no es una opción.

* Miembro del Colegio de Economistas de Guanajuato Profesora–investigadora, ENES León / UNAM adriana.martinez@enes.unam. mx |

Publicado originalmente por. https://periodicoam.pressreader.com/periodico-am-leon

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