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En el imaginario colectivo, Europa suele dibujarse como un museo: un continente rico en historia pero rezagado en la carrera tecnológica frente al dinamismo de Silicon Valley o el músculo estatal de Pekín. Sin embargo, para Anu Bradford, catedrática de Columbia y una de las mentes más lúcidas en derecho internacional, esta narrativa es incompleta. En su obra Imperios digitales: La batalla global por la tecnología que marcará la geopolítica del futuro (Shackleton Books),  que publicó en 2023, Bradford sostiene que la verdadera batalla por el futuro no solo se libra con microchips, sino con leyes.

Según la académica, el mundo está fragmentado en tres regímenes contrapuestos: el modelo estadounidense (impulsado por el mercado), el chino (impulsado por el Estado) y el europeo (impulsado por los derechos). En esta tríada, la UE emerge como una «superpotencia regulatoria» capaz de exportar sus estándares a todo el planeta a través del llamado «Efecto Bruselas».

Bradford desafía la idea de que regular es sinónimo de asfixiar la innovación. Para ella, la Ley de IA de la UE no es un obstáculo, sino una «plantilla global». Su lógica es pragmática: si una multinacional ajusta sus algoritmos para cumplir con la ética europea, carece de sentido económico mantener versiones «sucias» o sesgadas para el resto del mundo. Como afirma Bradford en una reciente entrevista para Ethic: «¿Por qué usaría algoritmos sesgados en Estados Unidos o en América Latina?». Una vez que el producto es seguro para Europa, escalarlo globalmente es el paso lógico.

La preocupación central de Bradford no es técnica, sino existencial. Advierte que los dueños de las plataformas «no se levantan pensando “¿qué puedo hacer por la democracia hoy?” sino “¿cómo puedo ganar más dinero?”».

Esta desconexión entre el interés privado y el bien público ha permitido que los algoritmos alimenten la polarización y que el modelo de vigilancia chino se exporte bajo la promesa de «ciudades inteligentes».

La investigadora desmiente que la regulación europea sea la culpable de la falta de «unicornios» en el continente. El problema, señala, es el capital de riesgo y la falta de un mercado único real. La regulación, de hecho, puede crear mercados, como ocurrió con la privacidad tras el RGPD.

Ante la retirada del liderazgo global de EE. UU. y la militarización de la IA, Bradford propone crear «coaliciones de voluntad» entre democracias afines (Corea del Sur, Canadá, Japón) para defender un modelo humanista.

Su tesis es una advertencia final: «Sin ética, la innovación no vale nada; sin democracia, el progreso tecnológico se convierte en una amenaza».

El futuro digital no es un destino inevitable, sino una elección regulatoria que estamos tomando hoy.

ANU BRADFORD

Es Catedrática de Derecho y Organizaciones Internacionales en la Facultad de Derecho de Columbia. También es directora del Centro de Estudios Jurídicos Europeos de Columbia y Senior Scholar en el Jerome A. Chazen Institute for Global Business de la Columbia Business School.

Publicado originalmente por: https://www.enpositivo.com/2026/01/05/sin-etica-la-innovacion-tecnologica-no-vale-nada-anu-bradford/

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