Gastón O’Donnell, rector de una universidad privada, explica cómo las casas de altos estudios deben adaptarse a nuevas formas de aprendizaje, integrar tecnología y responder a la demanda de los profesionales.
En un contexto atravesado por la tecnología, la sobreinformación y nuevas formas de aprendizaje, la universidad enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia. En esta entrevista, Gastón reflexiona sobre el futuro de la enseñanza, la demanda de carreras vinculadas al comercio exterior y el impacto de la inteligencia artificial en el aula, “el metaverso, la traducción simultánea, la interacción global van a formar parte de la experiencia universitaria”.
En un contexto de transformación global, ¿qué desafíos enfrenta hoy la educación superior para seguir siendo un espacio de pensamiento crítico y profesionalización real?
La universidad, la educación superior en general, está muy desafiada. Hoy aparecen permanentemente estímulos para que los alumnos no estudien en la universidad. Y la universidad no solo tiene que captar alumnos y formarlos profesionalmente, sino también cumplir un rol central en la transformación de la sociedad.
Hoy existe un mundo de formación que corre en paralelo al sistema universitario: estudios informales, cursos, trayectos armados por cuenta propia. Todo eso es válido y construye pensamiento, pero la universidad sigue siendo la institución formadora por excelencia, especialmente en lo que hace al pensamiento crítico.
No está mal estudiar por cuenta propia. El problema es que, fuera de un sistema formal, vas a recorrer un camino de ensayo y error que la humanidad ya recorrió. La universidad te ahorra ese camino, te da sistematicidad, te enseña a estudiar dentro de un marco.
Hay carreras donde el título universitario es indispensable, como medicina, ingeniería o derecho. Pero en áreas como management, comercio, liderazgo u organización, uno puede formarse informalmente. Aun así, hacerlo dentro de un sistema universitario es mejor, porque ordena, estructura y amplía la mirada.
En ese contexto aparecen las microcredenciales. ¿Qué lugar ocupan hoy?
Las microcredenciales están muy desarrolladas en universidades del exterior, especialmente en Estados Unidos, y empiezan a crecer en Argentina. Son trayectos formativos no necesariamente universitarios que la universidad reconoce como válidos.
Los MOOC (Curso Masivo Abierto en Línea), por ejemplo, son cursos abiertos que cualquiera puede tomar, muchos gratuitos. Si querés el certificado, lo pagás. Luego, ese trayecto se integra a tu currículum universitario. La universidad tiene que ser inteligente y articular esas experiencias con su propia formación para construir un recorrido completo.
¿Cómo ves la demanda por carreras como comercio internacional o logística?
Crece mucho el interés por marketing internacional, comercio exterior. En esas carreras, la logística tiene un rol central. Hay mucha gente que ya trabaja en el rubro y quiere sistematizar su conocimiento, completar su formación y obtener una licenciatura.
En esos casos, el alumno muchas veces sabe tanto como el docente en su área específica. Ahí el rol del profesor es más de mentor, orientador, coordinador. Y la universidad aporta algo irremplazable: materias que amplían la formación y una mirada integral del conocimiento.
Según Gastón, entre los estudiantes de carreras como logística o comercio exterior “hay mucha gente que ya trabaja en el rubro y quiere sistematizar su conocimiento, completar su formación y obtener una licenciatura” (Foto: Shutterstock)¿Qué valor aporta la universidad en esos casos?
La universidad te da el “estado del arte”, es decir, lo que se sabe hasta ahora en un área. A partir de ahí, tu inquietud no tiene techo. Y si trabajás en lo mismo que estudiás, ese cruce es potentísimo. Además, la investigación —formal o informal— te permite correr las fronteras del conocimiento en tu propio campo profesional.
¿Cómo están mutando las formas de enseñanza con las nuevas tecnologías?
Es una revolución. El uso del streaming, las aulas híbridas, alumnos presenciales y remotos al mismo tiempo. Hoy es muy raro perder una clase: si no estás físicamente, estás conectado. Siempre hay una forma de estar.
Pero el gran desafío es la inteligencia artificial. Está al alcance de la mano, en el teléfono. Todos lo saben: alumnos y docentes. Es inevitable. El problema aparece cuando se la quiere usar para reemplazar el estudio. Eso no puede pasar.
¿Cómo debería integrarse la inteligencia artificial en la educación?
Como una herramienta excelente, pero no como un reemplazo. Para usarla bien, tenés que saber. Tenés que tener conocimiento para hacer un buen prompting, para entender qué pedir y cómo usar lo que te devuelve. Eso exige más estudio, no menos. Ahí hay una revolución pedagógica enorme. No tanto institucional, sino en el aula, en la evaluación, en la forma de enseñar y aprender.
¿Estas tecnologías son demandadas por estudiantes y profesionales?
Sí, porque muchos docentes trabajan en el sector y llevan su experiencia al aula. Y los alumnos de comercio exterior, en su mayoría, ya trabajan en el área. Es raro que alguien estudie comercio exterior solo por especulación. Eso genera un aula muy desafiante. Si el docente no está actualizado, el propio alumno lo interpela. Es una comunidad que está metida en el rubro y lo vive día a día.
Pensando a futuro, ¿cómo imaginás la universidad que viene?
Hoy tenemos la imagen de la universidad aburrida: un aula y un profesor hablando. Pero el futuro va a ser distinto. Va a haber espacios de intercambio sincrónicos con personas de todo el mundo, donde la localización física va a ser cada vez menos importante.
El metaverso, la traducción simultánea, la interacción global van a formar parte de la experiencia universitaria. Hoy no lo vemos masivamente porque es caro, pero va a llegar. Es inevitable.
¿Cómo puede la educación argentina formar profesionales para el mercado internacional?
Argentina tiene un sistema de aseguramiento de la calidad muy riguroso. Las universidades están evaluadas por la CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria), que acredita carreras y evalúa instituciones mediante pares evaluadores. Eso garantiza un piso mínimo de calidad en todas las universidades, públicas y privadas. Es un sistema serio, reconocido, y convierte a Argentina en un referente en la región.
¿Eso se refleja en la mirada internacional sobre el país?
Sí. Sudamérica, y especialmente Argentina, es un polo académico muy elegido. Hay mucho intercambio con Europa. Muchos estudiantes extranjeros eligen venir a estudiar acá, incluso de países de habla no hispana. Eso habla del prestigio y la solidez del sistema universitario argentino.
Publicado originalmente por: https://www.infobae.com/movant/2026/01/08/la-formacion-profesional-en-logistica-y-comercio-exterior-frente-a-la-evolucion-academica/
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