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El T-MEC sostiene una integración automotriz profunda entre México y Estados Unidos. En 2025, 17% de los vehículos vendidos en Estados Unidos se ensamblaron en México y 87% de las autopartes exportadas tuvieron como destino ese país.

Ciudad de México, 19 de enero de 2026.– La industria automotriz de América del Norte se ha construido, durante décadas, sobre una lógica de integración productiva que hoy resulta difícil de desmontar. En ese contexto, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no solo funciona como un marco comercial, sino como el andamiaje que sostiene una relación bilateral profundamente interdependiente entre México y Estados Unidos. Más allá del discurso político, las cifras del sector automotriz confirman que ambas economías dependen de manera estructural una de la otra.

En 2025, el 17% de los vehículos ligeros vendidos en Estados Unidos fueron ensamblados en México, mientras que cerca del 40% de los componentes de los vehículos producidos en territorio mexicano provino de proveedores estadounidenses. Este flujo convierte a México en el principal destino de las exportaciones automotrices de Estados Unidos, una relación que difícilmente puede calificarse como prescindible. A ello se suma que, en el segmento de vehículos ligeros, 78.4% de las exportaciones mexicanas en 2025 tuvieron como destino el mercado estadounidense, con más de 2.6 millones de unidades enviadas en el año.

En el ámbito de autopartes, la dependencia es aún más clara. Entre enero y octubre de 2025, México exportó autopartes por 86,758 millones de dólares e importó 56,895 millones, lo que generó un superávit cercano a los 29,900 millones de dólares. De ese total exportado, 87% tuvo como destino Estados Unidos. Estos datos confirman que el T-MEC articula una plataforma regional donde las cadenas de suministro cruzan la frontera de manera constante, sosteniendo empleos, inversión y competitividad en ambos países.

Cadenas integradas frente al desafío global

La fortaleza del modelo norteamericano radica en que las cadenas productivas no compiten entre sí, sino que operan de manera complementaria. Así lo han señalado tanto representantes empresariales mexicanos como directivos de las principales armadoras estadounidenses, quienes coinciden en que la región funciona como un solo sistema industrial.

“Realmente vemos a Canadá, México y Estados Unidos como un sistema de fabricación integrado. Y así es como abordaremos esta negociación. Es muy crucial para nosotros, pero necesitamos revisiones”, afirmó Jim Farley, CEO de Ford, en el marco de un evento en el Salón del Automóvil de Detroit.

La declaración sintetiza la visión de la industria: la discusión sobre el T-MEC parte de una realidad operativa en la que la integración no es un ideal político, sino una condición productiva.

El Consejo Estadounidense de Política Automotriz ha estimado que, desde la implementación del T-MEC, la inversión automotriz estadounidense en la región supera los 210 mil millones de dólares, una cifra que refleja la confianza de las empresas en la estabilidad del acuerdo. En paralelo, sectores conexos como el químico han triplicado su comercio trilateral, superando los 60 mil millones de dólares, con 95% de sus productos destinados como insumos esenciales para industrias clave, entre ellas la automotriz.

Esta integración cobra mayor relevancia frente al avance de China y de economías del sudeste asiático, que han ganado terreno en eficiencia logística, reducción de costos y desarrollo tecnológico. En este entorno, diversos líderes industriales coinciden en que la respuesta de América del Norte no pasa por la desvinculación, sino por profundizar la integración regional. En el caso de México y Estados Unidos, ello implica capitalizar la complementariedad entre mano de obra, capacidad manufacturera, cercanía geográfica y un mercado de consumo integrado.

La revisión del T-MEC y la estabilidad de la relación bilateral

La próxima revisión del T-MEC se desarrolla en un entorno políticamente complejo, marcado por presiones y declaraciones desde Estados Unidos. Sin embargo, tanto el sector privado como el gobierno mexicano han coincidido en un punto central: preservar el tratado es indispensable. De acuerdo con el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, el acuerdo representa alrededor de 30% del PIB mundial, 1.93 billones de dólares en comercio regional, un crecimiento de 37% del intercambio en América del Norte frente a 2020 y un aumento de 23% en la inversión extranjera directa regional.

Para México, el reto no se limita a la defensa del acuerdo, sino a fortalecer las condiciones internas que sostienen su atractivo: certeza jurídica, seguridad, energía y reglas claras. Desde la óptica empresarial, México no es el problema, sino parte de la solución para que Estados Unidos reduzca su dependencia de China y consolide una región más resiliente. La lógica es directa: una ruptura de cadenas productivas integradas implicaría costos elevados y disrupciones operativas para ambos lados de la frontera.

Desde la perspectiva automotriz, el libre comercio ha contribuido de manera directa a mejorar la competitividad regional y a ofrecer a los consumidores bienes de mayor calidad y a menores precios. Alterar ese esquema tendría impactos que irían más allá de las armadoras, alcanzando a proveedores, distribuidores y consumidores que dependen de un mercado integrado.

La revisión del tratado, prevista para concluir el 1 de julio, apunta a ajustes puntuales más que a una reconfiguración profunda. El consenso entre los sectores productivos es claro: modernizar el T-MEC y reforzar mecanismos como la solución de controversias resulta preferible a introducir restricciones que incrementen la incertidumbre. En un momento en el que el intercambio entre México y Estados Unidos se encamina a superar los 935 mil millones de dólares, el sector automotriz se mantiene como la evidencia más tangible de que la relación bilateral no es sustituible.

En suma, el T-MEC sigue siendo el eje que articula la interdependencia automotriz entre México y Estados Unidos. Las cifras muestran que ambas economías están entrelazadas de forma estructural y que, frente a un entorno global cada vez más competitivo, la integración regional no es una consigna política, sino una necesidad económica que se construye todos los días en plantas, aduanas y cadenas de suministro a lo largo de América del Norte.

Publicado originalmente por: https://clusterindustrial.com.mx/mas-alla-del-discurso-el-t-mec-articula-la-manufactura-automotriz-de-norteamerica/

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