Invertir en tecnología educativa nos permitirá reducir brechas regionales y multiplicar oportunidades para el talento local.
Por décadas, México ha sido un país cuya relación con la tecnología ha estado marcada por la adaptación, la manufactura y el servicio. Hoy, sin embargo, nos encontramos en un momento decisivo que promete redefinir nuestro lugar en el mapa global de la innovación. Lo que llamo la tercera fase del desarrollo tecnológico representa una oportunidad histórica: pasar de ser un país de soporte y servicios a uno capaz de crear productos de punta a punta, a gran escala y con impacto internacional.
De la manufactura a la innovación
La historia comenzó hace tres décadas, cuando México incursionó en la manufactura de productos de alta tecnología. Fue la primera fase: producir para exportar, generar conocimiento, pero desde la perspectiva de un producto ya diseñado en otra parte. Más tarde, llegó la segunda fase, marcada por la transición hacia los servicios tecnológicos. México se consolidó como un socio estratégico en dos áreas clave: mantenimiento y soporte y proyectos específicos. Esa etapa convirtió al país en una opción de talento tecnológico confiable para corporaciones extranjeras.
Hoy, el panorama es distinto y vibrante. Lo que ocurre ahora es mucho más profundo: equipos mexicanos que se integran de manera natural con los de Estados Unidos (o cualquier otro país) para crear productos tecnológicos a escala.
Un ejemplo paradigmático lo encontramos en aquellas compañías globales que han decidido instalar en México centros de desarrollo tecnológico enfocados en crear productos desde cero, no únicamente operaciones de soporte o mantenimiento. Ese movimiento marca un precedente: por primera vez, corporaciones de liderazgo internacional confían en que nuestro país puede no solo sostener, sino liderar la creación tecnológica. Desde mi perspectiva, este es el tercer paso en la evolución de la industria. Y no es insignificante: este cambio redefine la narrativa del país, que pasa de receptor de proyectos a protagonista en la generación de innovación.
El impacto no se limita al sector tecnológico en sí. Hay múltiples ámbitos donde México puede replicar este salto: la logística y las cadenas de suministro, la tecnología aplicada a la educación, el sector financiero y las industrias emergentes que necesitan soluciones digitales de alto valor. La educación, en particular, es un punto crítico: invertir en tecnología educativa nos permitirá reducir brechas regionales y multiplicar oportunidades para el talento local.
Tecnologías estratégicas
Tres áreas emergen como palancas clave para que México lidere esta tercera fase:
Manejo de datos en tiempo real a gran escala. Procesamiento en la nube que optimiza latencia, costos y disponibilidad. Inteligencia Artificial aplicada de manera ética y responsable.
Estas son tecnologías que, bien integradas, pueden convertir al país en un referente global. Y en mi opinión, son nuestras universidades quienes van a la cabeza en la formación de estos especialistas.
No obstante, el camino no está exento de desafíos. El primero es la infraestructura desigual: mientras ciudades como Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Querétaro concentran talento y recursos, otros estados carecen de acceso suficiente a programas, inversión y conectividad. La solución llegará cuando invirtamos en infraestructura tecnológica regional y en iniciativas que acerquen el desarrollo a más estados, algo que solo se logra cuando gobiernos, universidades y empresas trabajan en conjunto.
El segundo reto es el idioma. Impulsar a los estudiantes de ingeniería a obtener certificaciones y dominar otros idiomas no es solo una meta académica, sino una estrategia para ampliar sus horizontes profesionales y conectar a México con el mercado global. Dominar el inglés —y eventualmente otros idiomas clave en ciencia y tecnología— permitirá que más ingenieros participen en proyectos internacionales, colaboren con equipos multiculturales y eleven el nivel de competitividad del país. De esta manera, el idioma se convierte en una herramienta para fortalecer todo el ecosistema de innovación, generando oportunidades más amplias y sostenibles.
Publicado originalmente por: https://expansion.mx/opinion/2026/01/26/mexico-en-la-tercera-fase-de-su-desarrollo-tecnologico
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