La industria automotriz mexicana sigue siendo uno de los pilares más relevantes de la economía nacional. A pesar de la incertidumbre y la desaceleración observada en los primeros trimestres de 2025, cerró con resultados sólidos: representó cerca del 18% del Producto Interno Bruto (PIB) manufacturero y alrededor del 4% del PIB nacional, según cifras de la propia industria.
En 2025, el sector automotriz produjo casi 4.1 millones de vehículos en total (tres millones 953 mil 494 ligeros y 138 mil 954 pesados) y exportó más del 85% de esos vehículos. En comparación con 2024, la producción de ligeros registró una caída marginal de -0.9% y sus exportaciones disminuyeron -2.7 por ciento. En contraste, los pesados enfrentaron una contracción más severa, con descensos de -34.8% en producción y -28.6% en exportación.
Esto confirma que, mientras el segmento de ligeros mostró una resiliencia relativa, el de pesados evidenció una mayor sensibilidad a los ajustes en demanda, financiamiento y logística.
Más allá de los números, la relevancia de la industria automotriz mexicana radica en el ecosistema que articula proveedores, transporte, aduanas, logística y exportación, conformando cadenas de suministro complejas que conectan a miles de empresas y millones de empleos con los mercados globales.
Aún cuando México sigue figurando entre los primeros cinco productores y exportadores de vehículos a nivel global, tiene una integración profunda con Norteamérica y particularmente con el mercado estadounidense, lo que refuerza que la fortaleza de la industria automotriz no se explica únicamente por la capacidad de ensamble, sino por la eficiencia de las cadenas que la sostienen.
Detrás de cada vehículo que se fabrica en México, hay una robusta red de fabricantes de autopartes, operadores logísticos, ferrocarriles y carreteras, puertos y aduanas que permiten que el flujo funcione con precisión.
Cuando alguno de estos eslabones se debilita, el impacto no se queda en la planta, se traslada a los costos, a los tiempos de entrega y a la competitividad de todo el país. Esta realidad se ha vuelto aún más evidente en los últimos años.
La industria automotriz ha enfrentado un entorno comercial más incierto, presionado por los cambios en la demanda, los ajustes en inventarios y los mayores costos logísticos. Aún así, México logró mantenerse como un destino atractivo para la inversión automotriz, varios anuncios recientes de inversión de grandes marcas automotrices son señales claras de la confianza en la plataforma manufacturera mexicana y su papel dentro de las cadenas regionales.
Además, la electromovilidad comienza a ganar mayor peso en la industria, reflejando incrementos relevantes en la producción y exportación de vehículos eléctricos e híbridos, así como en la instalación de capacidades vinculadas a baterías, sistemas electrónicos y componentes de alto valor agregado. Este cambio no solo representa una transición tecnológica, sino una oportunidad concreta para elevar el contenido regional exigido por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y sofisticar nuestra cadena de suministro automotriz.
Tanto el entorno comercial, como el futuro tecnológico, tienen particular relevancia frente a la inminente revisión del T-MEC.
El tratado ha dejado claro que el valor estratégico está en cómo se integra la producción regional y en cuánto contenido se genera dentro de Norteamérica. Considero que nuestro país puede capturar más valor dentro de la cadena productiva: más autopartes nacionales, más procesos logísticos eficientes, más integración de proveedores locales y mayor resiliencia financiera.
Ser más estratégicos implica para México fortalecer la infraestructura logística, modernizar aduanas, diversificar rutas y asegurar que las pequeñas y medianas empresas (pymes) proveedoras son capaces de crecer junto con las grandes armadoras.
Cuando los proveedores locales pueden colaborar a la par que las grandes empresas, el valor de cada vehículo exportado se multiplica dentro del país.
La industria automotriz mexicana ya no compite solo por costos, sino por confiabilidad, integración y capacidad de respuesta.
De cara a 2026 y a la renegociación del T-MEC, México tiene la oportunidad de consolidarse como un gran productor de vehículos ligeros y pesados, además de volverse un eslabón aún más indispensable de las cadenas de suministro de Norteamérica y explorar cómo ofrecer ese valor para otras cadenas del mundo.
El verdadero aporte de México al tratado no está únicamente en el volumen que exporta, sino en la profundidad de su cadena productiva. Fortalecerla no es una opción coyuntural: es la decisión estratégica que definirá si México sigue siendo un gran ensamblador o se consolida como un socio indispensable en la nueva arquitectura industrial de Norteamérica.
Publicado originalmente por: https://t21.com.mx/de-gran-ensamblador-a-socio-indispensable-el-siguiente-paso-de-la-industria-automotriz-mexicana/
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