El nearshoring en México es una realidad tangible. La proximidad con Estados Unidos, la integración a diversos tratados comerciales, así como el potencial de crecimiento de su base manufacturera y de su infraestructura logística, constituyen ventajas claras que el país debe aprovechar plenamente.
Pero la promesa de llegada de inversiones no garantiza, por sí sola, competitividad estructural. La oportunidad ya está en marcha; ahora, la capacidad del país para capitalizarla dependerá, en buena medida, de la solidez de su cadena logística y del talento que la opera.
Hoy, los costos logísticos en México representan en promedio alrededor del 17% de las ventas de una empresa, según el Estudio Nacional de Indicadores Logísticos (ENIL). En algunos sectores alcanzan hasta el 41 por ciento. En economías desarrolladas, esa proporción oscila entre 8% y 20 por ciento. Cada punto porcentual puede poner en riesgo la atracción de capitales y la capacidad de reinversión. A estas cifras se suman limitaciones claras como la saturación portuaria en nodos estratégicos como el puerto de Manzanillo y el puerto de Lázaro Cárdenas, congestión en cruces fronterizos, presión en el autotransporte y mayor complejidad regulatoria en el sector. No obstante, el riesgo más profundo se encuentra en la escasez de talento logístico especializado.
La industria no solo enfrenta déficit de operadores de transporte. También carece de perfiles capaces de integrar planeación avanzada, comercio exterior, gestión de inventarios y analítica de datos. Sin estas capacidades, la transformación digital pierde velocidad. Las plataformas existen, pero muchas organizaciones no cuentan con equipos preparados para explotarlas de forma óptima.
Aquí surge la paradoja del nearshoring: la proximidad geográfica promete eficiencia, pero la falta de capacidad operativa puede neutralizar esa ventaja.
Desde la industria tecnológica observamos que este desafío no se resuelve únicamente con más infraestructura física. Requiere una modernización profunda del modelo operativo empresarial.
Primero, las compañías deben evolucionar hacia una logística orquestada de forma digital. Plataformas en la nube con capacidades integradas de ERP, WMS, TMS y planeación avanzada permiten conectar producción, inventarios y transporte en tiempo real. Cuando la información fluye de manera unificada, la toma de decisiones se basa en datos y escenarios predictivos. Este enfoque reduce costos, eleva niveles de servicio y fortalece resiliencia.
Segundo, las empresas deben apostar por plataformas que automaticen procesos, optimicen rutas y generen recomendaciones predictivas, pero con interfaces intuitivas y operables. La IA debe reducir la fricción operativa, no convertirse en una barrera adicional para quienes toman decisiones operativas todos los días.
Con este avance de modelo, las organizaciones que integren digitalización profunda, — pero sencilla de interpretar— reducirán inventarios, mejorarán fill rates y contendrán costos de transporte incluso en entornos volátiles. La diferencia no está en adquirir más software, sino en gestionar con datos y procesos estandarizados.
Esto es crucial: cada mejora operativa impacta no solo a la empresa, sino también a la capacidad del país para absorber nuevas inversiones sin elevar costos. Cuando los obstáculos se repiten en múltiples cadenas, se afecta a todo el sistema.
El nearshoring es una prueba de capacidad estructural para México. La proximidad con Norteamérica ofrece ventajas claras, pero la eficiencia no es automática. Sin inversión paralela en infraestructura, talento especializado y digitalización efectiva, la ventaja geográfica pierde fuerza y la oportunidad puede traducirse en presión.
*Cecilia Hermida actualmente es Country Manager de México y Spanish LATAM en Infor.
Publicado originalmente por: https://puertointerior.guanajuato.gob.mx/blog/wp-admin/post-new.php
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