Infraestructura invisible, competitividad territorial y el riesgo de repetir el modelo de congestión estructural
La reconfiguración de las cadenas globales de suministro está redefiniendo el mapa industrial del mundo. En este nuevo contexto geoeconómico, México se ha posicionado como uno de los principales destinos del nearshoring, impulsado por su proximidad al mercado estadounidense y las reglas comerciales del T-MEC. Sin embargo, el atractivo industrial no depende únicamente de incentivos arancelarios o laborales; cada vez más, la competitividad territorial está determinada por la eficiencia logística y la capacidad urbana para absorber el crecimiento económico acelerado sin generar desequilibrios estructurales.
El nearshoring no solo implica la relocalización de procesos productivos, sino también el desplazamiento cotidiano de miles de trabajadores, el aumento del transporte de carga y una presión creciente sobre la infraestructura metropolitana. En ciudades como Monterrey, Querétaro y Tijuana, el dinamismo industrial comienza a coexistir con incrementos en la congestión urbana y tensiones en los sistemas de movilidad. Este artículo explora cómo la movilidad y la logística urbana se han convertido en infraestructura crítica de la competitividad nacional, al mismo nivel que una planta productiva o un puerto moderno.
El nearshoring está reconfigurando la competitividad de México, pero su éxito depende cada vez más de la eficiencia logística y la capacidad urbana para absorber el crecimiento sin generar desequilibrios.
Nearshoring y transformación territorial
El nearshoring está detonando una nueva geografía industrial en México. Según diversas investigaciones recientes, este fenómeno se perfila como una estrategia clave para dinamizar la economía mexicana en el marco del T-MEC, aunque también plantea retos en términos de sostenibilidad y desigualdad regional si no se articula con políticas públicas integrales.
Los estados del norte y del Bajío concentran inversiones manufactureras vinculadas a sectores estratégicos, lo que ha impulsado el crecimiento de parques industriales que, a su vez, tensionan la infraestructura urbana y de transporte. Este crecimiento ha sido predominantemente periférico, generando mayores distancias entre vivienda y empleo, una mayor dependencia del automóvil y una presión creciente sobre las vialidades urbanas.
Al cierre de 2024, la absorción bruta nacional asociada al nearshoring superó los 2 millones de m², con una concentración significativa en:
- Monterrey (28%)
- Ciudad Juárez (15%)
- Saltillo (13%)
- Querétaro (10%)
- Guanajuato (9%)

La industria automotriz se mantuvo como el principal motor de esta demanda, con aproximadamente 39% del total, mientras que los sectores de electrodomésticos y aparatos electrónicos, y en menor medida maquinaria y herramientas, ganaron tracción en polos como Tijuana, Reynosa, Guadalajara y Monterrey.1
Estos patrones sectoriales anticipan demandas de movilidad diferenciadas por región, incluyendo dinámicas de turnos laborales, perfiles de desplazamiento, ventanas logísticas y requerimientos de última milla, que deben ser considerados desde la planeación urbana e intermunicipal.
La logística urbana como variable de competitividad
La eficiencia logística se ha convertido en un diferenciador clave en la atracción de inversión extranjera directa. El nearshoring está impulsando el crecimiento de la demanda de vehículos de carga en México, proyectando un crecimiento anual sostenido en este segmento entre 2025 y 2030, lo cual exige infraestructura vial adecuada y sistemas logísticos urbanos eficientes.
En economías avanzadas, diversas investigaciones académicas han demostrado que soluciones logísticas innovadoras, como la redistribución de rutas o la consolidación de centros de distribución, pueden generar reducciones sustanciales en costos operativos y en viajes innecesarios que contribuyen a la congestión urbana.
La saturación de corredores industriales, los conflictos entre el transporte de carga y la movilidad cotidiana, así como la falta de intermodalidad, afectan los tiempos de entrega, los costos operativos y la confiabilidad, poniendo en riesgo las cadenas just in time que caracterizan a muchas de las empresas que se instalan bajo la lógica del nearshoring.
La absorción bruta nacional creció aproximadamente 5% en 2024, y el nearshoring representó alrededor del 28% de esa actividad, proporción consistente con años anteriores. Detrás de estas cifras existen dos dinámicas con implicaciones directas para las ciudades: la instalación de nuevas empresas, que genera nuevas rutas de transporte de personal y carga, y la expansión de empresas ya establecidas, lo que incrementa los volúmenes y la frecuencia de desplazamientos.
Entre 2019 y 2024, Asia aportó alrededor del 61% de la demanda acumulada, con China, Estados Unidos, Corea del Sur y Taiwán como principales países de origen. Este patrón sugiere cadenas productivas basadas en esquemas just in time y componentes electrónicos que requieren altos niveles de puntualidad y confiabilidad en la infraestructura logística y urbana.2
El costo económico de la congestión
La congestión no es únicamente un problema ambiental o de calidad de vida; constituye un costo productivo cuantificable. En economías urbanas avanzadas existen métricas que vinculan los tiempos de viaje con la productividad laboral y los costos logísticos, evidenciando que, de no gestionarse adecuadamente, estos factores pueden erosionar la competitividad industrial.
En zonas industriales con crecimiento acelerado, como Monterrey, los trabajadores pueden invertir dos o más horas diarias en traslados, lo que impacta directamente en la productividad laboral, los costos empresariales indirectos, el consumo energético y las emisiones contaminantes.
Este fenómeno, documentado en múltiples centros urbanos a nivel global, demuestra que cada minuto perdido en congestión representa un costo económico acumulativo difícil de recuperar si no se implementan políticas integradas de movilidad.
Riesgo estructural: repetir el modelo metropolitano de saturación
México ya ha experimentado las consecuencias de una expansión urbana desarticulada en la Zona Metropolitana del Valle de México, donde la congestión persistente constituye una externalidad estructural. Replicar este modelo en polos industriales emergentes implicaría consolidar patrones de dependencia vehicular, baja densidad urbana y crecientes costos de infraestructura.
Una política fragmentada entre municipios, estados y federación dificulta la coordinación necesaria para integrar vivienda, transporte y desarrollo industrial en un modelo metropolitano coherente. Esta falta de integración puede traducirse en áreas metropolitanas saturadas que limiten la competitividad a largo plazo.
La movilidad urbana y la logística metropolitana se han convertido en infraestructura crítica —potenciales cuellos de botella— para sostener el dinamismo industrial en regiones clave como el norte y el Bajío.
Integrar la movilidad en la política industrial
Si la movilidad se considera infraestructura estratégica, debe incorporarse de manera explícita en la política industrial nacional y en los procesos de aprobación de parques industriales.
Algunas líneas de acción concretas incluyen:

CONCLUSIÓN
El nearshoring representa una oportunidad histórica para México, pero también plantea un desafío estructural profundo: la movilidad urbana y la logística metropolitana se han convertido en vectores determinantes de competitividad. No basta con construir parques industriales ni con fortalecer acuerdos comerciales; las ciudades mexicanas deben ser capaces de movilizar personas y mercancías de manera eficiente, sostenible y resiliente.
Los datos recientes, incluyendo la magnitud de la absorción, el liderazgo del sector automotriz y la concentración territorial en polos del norte y del Bajío, confirman que la infraestructura de movilidad constituye ya un posible cuello de botella para la ventaja geográfica del país. Integrarla de manera explícita en la política industrial es un paso crítico para transformar el actual ciclo de inversión en un proceso de competitividad sostenida.
Sin embargo, la movilidad no es el único factor crítico. A medida que la actividad industrial se expande, la disponibilidad y gestión del agua emerge como otra condición estructural indispensable para sostener este crecimiento. En diversas regiones del país, el estrés hídrico y las limitaciones en infraestructura de abastecimiento, tratamiento y reutilización pueden restringir la instalación y operación de nuevas actividades productivas. En este contexto, la competitividad territorial no depende únicamente de la capacidad de mover bienes y personas, sino también de garantizar recursos básicos como el agua en condiciones de suficiencia y sostenibilidad.
En conjunto, movilidad y agua constituyen dos pilares de la infraestructura crítica que podrían condicionar de manera significativa la viabilidad del nearshoring en México. Su integración en la planeación urbana, la política industrial y la gestión territorial será determinante para convertir la coyuntura actual en una oportunidad de desarrollo equilibrado y de largo plazo.
Además de la movilidad, la disponibilidad y gestión del agua emerge como un factor estructural determinante, consolidando ambos elementos como pilares indispensables para la viabilidad del crecimiento industrial a largo plazo.
Publicado originalmente por: https://www.pasajero7.com/movilidad-nearshoring-nuevo-reto-logistico-urbano-en-mexico/
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