“Ante el reto de la descarbonización del transporte de mercancías, la solución pasa por que la industria, las autoridades públicas y las comunidades trabajen unidas“
El transporte por carretera es un pilar esencial de la economía europea y, al mismo tiempo, uno de los sectores más decisivos a la hora de reducir la huella de carbono.
La industria logística no es ajena a este reto: cada día, las empresas del sector invierten recursos, talento y esfuerzo para avanzar hacia un modelo más eficiente que permita reducir las emisiones.
Las primeras operaciones realizadas demuestran que la tecnología ya está preparada para operar en rutas de larga distancia, siempre que exista una infraestructura de recarga adecuada.
Por ejemplo, CEVA Logistics completó con éxito, en 2025, una prueba piloto de casi 3.000 kilómetros entre Algeciras y Madrid utilizando un camión 100% eléctrico de 31 toneladas con solo dos cargas rápidas.
Otro ejemplo: 17 empresas se han unido en Brasil para la transformación de la movilidad de mercancías mediante la creación del primer corredor logístico de cero emisiones del país.
El objetivo principal de esta iniciativa es alcanzar 1.000 trayectos diarios de camiones eléctricos en 2030, lo que equivale a retirar 16.000 coches de las carreteras y a reducir en 75.000 toneladas métricas las emisiones de CO₂ ese mismo año.
En este sentido, las empresas del sector reclaman que este compromiso y esfuerzo sean reconocidos, pero también es necesaria una cooperación activa, generosa y coordinada por parte de las instituciones públicas.
Alcanzar el ambicioso objetivo europeo de reducir en un 45% las emisiones de los vehículos pesados de aquí a 2030 requiere una infraestructura adecuada: corredores bien electrificados, estaciones de recarga rápida adaptadas a camiones, estándares de interoperabilidad de baterías y un suministro eléctrico renovable, estable y suficiente.
Además, la electricidad no es la única tecnología disponible de forma inmediata para avanzar en esta transición energética más allá del diésel. El biodiésel HVO es otra alternativa ya existente.
Facilitar esta transición no es solo una cuestión medioambiental, sino también económica. De ello depende la prosperidad de nuestras redes logísticas, de nuestras ciudades y de nuestras comunidades.
Las empresas también deben entender que esta innovación y transformación hacia un modelo bajo en carbono tiene un impacto directo en la eficiencia: las nuevas tecnologías mejoran los tiempos de transporte, reducen los costes operativos y mejoran la calidad del aire en zonas industriales y periurbanas.
Pero para que este círculo virtuoso funcione, es necesario acelerar la disponibilidad de puntos de recarga en los corredores estratégicos, agilizar los procedimientos administrativos, incentivar la renovación de flotas y garantizar una red eléctrica capaz de responder a las necesidades presentes y futuras.
Todas estas evoluciones implican, además, adoptar tecnologías disruptivas, formar a los empleados en nuevas competencias, optimizar la planificación operativa e integrar a todos los actores de la cadena de valor en este proceso de transformación.
Por todo ello, y ante el reto de la descarbonización del transporte de mercancías, la solución pasa por que la industria, las autoridades públicas y las comunidades trabajen unidas.
Una red logística baja en carbono se traduce en áreas industriales más silenciosas, carreteras más seguras, ciudadanos con una mejor calidad de vida y empresas más competitivas.
Ese es el horizonte hacia el que queremos avanzar: una transición que no solo reduzca las emisiones, sino que impulse una verdadera prosperidad compartida.
Publicado originalmente por: https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/20260405/logistica-prosperidad-compartida-impulsar-descarbonizacion-transporte-mercancias/1003742747748_12.html
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