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El mercado europeo sigue siendo una gran promesa para el sector agroalimentario mexicano, pero los números muestran que la penetración real todavía es limitada. De acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), las exportaciones agroalimentarias de México hacia la Unión Europea sumaron apenas 152.7 millones de dólares entre enero y marzo, equivalente a alrededor del 1.1% del total.

El dato cobra relevancia tras el anuncio del Acuerdo Global Modernizado entre México y la Unión Europea, que se firmará el 22 de mayo, presentado por autoridades federales como una plataforma para ampliar el acceso de productos mexicanos a un mercado de más de 450 millones de consumidores.

Incongruencias
Sin embargo, el análisis del GCMA revela una realidad más compleja: los productos que encabezan las ventas no son los ‘héroes’ del discurso oficial. Tequila, café y nuez concentran la mayor parte de las exportaciones agroalimentarias mexicanas hacia Europa. En contraste, productos señalados como grandes beneficiarios del acuerdo —como plátano, limón persa y espárragos— mantienen una presencia marginal en el mercado europeo.

Para estados exportadores como Sinaloa, el panorama representa tanto una oportunidad como un desafío. Aunque productos sinaloenses como garbanzo, tomate y algunas hortalizas cuentan con potencial comercial en Europa, el reporte advierte que la apertura arancelaria por sí sola no garantiza el crecimiento de las exportaciones. El verdadero reto está en la logística, las certificaciones sanitarias y la promoción comercial especializada.

El sector agroalimentario requiere trabajar en: bienes públicos de mejora logística, líneas navieras, cadena de frío y congelado regular; promover nuestros productos en ferias y exposiciones; seriedad de atender un mercado exigente; certificaciones sustentables por la exigencia del mercado europeo; y mayor investigación de mercado de productos donde somos competitivos”, señaló Juan Carlos Anaya, director general del GCMA.

El organismo también señala que cuatro países concentran más de la mitad de las compras agroalimentarias mexicanas en Europa: Alemania, España, Países Bajos e Italia. Y apunta que esa concentración facilita la operación comercial, pero también genera vulnerabilidad ante cambios regulatorios, sanitarios o de consumo en esos mercados.

En términos prácticos, el acuerdo abre una ventana estratégica para diversificar mercados frente a la alta dependencia de Estados Unidos, principal destino de las exportaciones agroalimentarias mexicanas. No obstante, alcanzar la meta oficial de aumentar en 50% las exportaciones hacia la Unión Europea para 2030 requerirá inversiones de largo plazo en cadenas de frío, trazabilidad, empaques, infraestructura portuaria y cumplimiento ambiental.

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