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En un entorno de presiones macroeconómicas e inflacionarias y bajo crecimiento, el nearshoring no resultó ser el salvavidas que se esperaba para la economía mexicana, la esperanza de una promesa que no se cumplió.

Sin embargo, ha funcionado como un diferenciador poderoso para quienes tomaron decisiones estratégicas con anticipación, no todos los sectores y regiones han ganado por igual. Los que sí lo hicieron comparten ubicación, integración en cadenas de valor regionales, clusters maduros y un enfoque implacable en productividad, talento e innovación.

Los estados de Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí y Baja California concentran la mayor parte de la inversión extranjera directa vinculada al nearshoring. Los sectores líderes son el automotriz, el aeroespacial, electrónico, dispositivos médicos y manufactura avanzada, los que no solo ensamblan sino que construyen ecosistemas completos con proveedores locales, diseño y exportaciones de alto valor agregado.

Entre los ejemplos concretos y verificados de éxito, están Audi en Puebla donde la industria automotriz representa más del 40% del PIB estatal, lo que ilustra cómo un clúster histórico se fortalece con el nearshoring. Whirlpool produce una parte sustancial de sus electrodomésticos, estufas, lavadoras y refrigeradores en su planta de Coahuila y el año pasado invirtió más de 250 millones de dólares en expansión, trasladando líneas de producción desde los Estados Unidos, para servir a ese mercado con mayor eficiencia.

Safran en Chihuahua opera desde hace más de treinta y cinco años con el centro de fabricación de cableado eléctrico aeronáutico más grande del mundo. Produce el 95% del cableado de Boeing 787 Dreamliner, además de componentes para otros programas con múltiples plantas y un centro de ingeniería que emplea a miles de personas y sigue creciendo, el talento ingenieril mexicano y la proximidad geográfica han sido claves.

Mattel en Nuevo León, consolidó su manufactura norteamericana aquí, es la planta más grande de la compañía a nivel global, que exporta a más de treinta países, creció de 1600 empleados a 3500 en seis años, es la diversificación más exitosa fuera del ramo automotriz.  También hay que mencionar a BMW en San Luis Potosí, a General Motors en Coahuila y Guanajuato, Foxconn, Samsung, Honeywell y a desarrolladores industriales como Vesta, Fibra Prologis, Fibra Monterrey y proveedores mexicanos que se integrarán a cadenas globales.

Los factores que incidieron positivamente, que abonan a entregas rápidas  se relacionan con la proximidad a los Estados Unidos y Canadá y reducen inventarios y permiten  el  aprovechamiento cabal del T-MEC mediante reglas de origen favorables y menores riesgos arancelarios.  Los clústers maduros y el efecto red, en regiones con ecosistemas previos que atraen más inversión y proveedores, también la agilidad que algunos gobiernos estatales fomentaron mediante la desregulación.

Con estos antecedentes que no son de suyo una receta mágica, pero sí en contexto un catálogo de recomendaciones estratégicas de buenas prácticas, que fortalecen las decisiones de inversión y operación, para que más compañías nacionales aprovechen esta ventana, a pesar de ciertas incertidumbres geopolíticas y económicas, las claves están en:

La integración y alianzas con las empresas multinacionales ya establecidas como proveedores, Invertir en productividad y tecnología, enfocarse en clústeres regionales, diversificar y agregar valor, no solo compitiendo por precio, sino desarrollando diseño, sostenibilidad y certificaciones. El nearshoring premia la ejecución, el éxito vendrá de las empresas que transformen las oportunidades en esquemas de resistencia y competencia, más allá de ciclos económicos o políticos, para consolidar ventajas estructurales que perduren en el tiempo.

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