Para acompañar el crecimiento del comercio interior, expertos del sector apuntan a la integración intermodal como la respuesta al reto logístico que enfrenta México: una reconfiguración basada en la eficiencia y la conectividad entre distintos modos de transporte.
Atender esta transición representa un paso clave para optimizar los tiempos de entrega, elevar los estándares de seguridad y avanzar hacia metas sostenibles alineadas con las exigencias del mercado.
Frente a la imposibilidad técnica y financiera de ampliar infinitamente las autopistas del país, la logística marítima de corta distancia y el cabotaje emergen como un complemento para canalizar flujos de mercancías en rutas dedicadas. Por ejemplo, el suministro a la media Península de Baja California, la conectividad en el Mar de Cortés, los corredores del Sureste y el comercio transfronterizo con Centroamérica.
Al desviar las cargas de largo recorrido hacia el mar, se libera capacidad crítica en las autopistas, reduciendo el desgaste de la infraestructura y permitiendo que el autotransporte se concentre en trayectos de mayor agilidad y entrega final.
Lecciones del modelo europeo
En México, donde cerca del 70% de la actividad industrial, comercial y de transformación se concentra en el corazón económico del país (el triángulo conformado por la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, junto con el Bajío), los principales puertos cumplen una función vital de conexión directa hacia el centro. Sin embargo, no toda la carga requiere saturar estos ejes terrestres.
Esta estrategia no es una improvisación, sino una práctica consolidada en economías de alta densidad. De acuerdo con datos recientes de Eurostat, el transporte marítimo de corta distancia representó el 58.3% del transporte marítimo total de mercancías hacia y desde los principales puertos de la Unión Europea.
Para el bloque europeo, el fortalecimiento de estas rutas es un interés estratégico. La UE ha determinado que este modelo desempeñará un papel decisivo para alcanzar su meta de reducir en un 60% las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por el sector del transporte hacia el año 2050.

En América Latina, adoptar esta visión transforma al mar en un activo de certidumbre operativa. Frente a bloqueos carreteros, obras de infraestructura prolongadas o saturación en las aduanas terrestres, las rutas marítimas de corta distancia ofrecen una gran capacidad de movilización, mayor seguridad para carga de alto valor y una amortiguación real ante las crisis globales de la cadena de suministro.
Agilidad intermodal
“El nearshoring nos exige pensar la logística desde la agilidad intermodal. Reconocemos la importancia del corazón industrial del país y la alta demanda sobre las rutas terrestres que conectan al centro; por ello, entendemos el cabotaje no como un sustituto del autotransporte, sino como su gran aliado estratégico,” explica Bernardo Vela, director ejecutivo de BF Shipping, la división de transporte de carga de Baja Ferries.
“Para las rutas costeras, el abastecimiento peninsular, los insumos de transformación dedicados y la conexión comercial con Centroamérica, el transporte marítimo de corta distancia actúa como una válvula de escape indispensable. Aprovechar la capacidad de embarque y la autopista natural del mar quita presión a las carreteras, reduce la huella de carbono por tonelada-kilómetro y brinda soberanía logística a la región.”
A medida que el comercio regional exige respuestas más rápidas, seguras y sostenibles, la integración del transporte marítimo de corta distancia deja de ser un recurso subutilizado para convertirse en el paso inevitable hacia una matriz logística moderna, resiliente y adaptada a la realidad industrial de México y Centroamérica.
Publicado originalmente por: https://revistamagazzine.com/logistica/integracion-intermodal-respuesta-al-reto-logistico/
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