Select Page

En una sala de reuniones en Beijing, sin representación mexicana pero con consecuencias directas para México, dos líderes están redefiniendo las reglas del comercio global. Donald Trump y Xi Jinping se reúnen esta semana en China en lo que constituye la primera visita de Estado de un presidente estadounidense a ese país en casi una década. Lo que acuerden, o lo que no acuerden, tiene el potencial de mover cadenas de suministro, inversiones y empleos en un país que no fue convocado a la conversación, pero que vive de ella.

La cumbre que marca el rumbo

Trump llegó a China este miércoles con una delegación que incluye funcionarios de su administración y directivos de empresas, para lo que el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) describió como conversaciones de alto riesgo sobre comercio y seguridad internacional. Según la Casa Blanca, la reunión bilateral con Xi se celebrará el jueves por la mañana en Beijing, con un banquete de Estado esa misma noche y un almuerzo conjunto el viernes.

Los temas en la agenda son amplios. De acuerdo con reportes de Bloomberg Línea, Trump presionará a Xi sobre el papel de China en el conflicto con Irán, buscará avanzar en la creación de una nueva junta bilateral de comercio para gestionar los asuntos económicos entre ambos países, y promoverá que Beijing aumente sus compras de productos estadounidenses como soya y aviones.

Sin embargo, el CFR advierte que el resultado más probable no será un acuerdo estructural. Lo esperable, según ese análisis, es una extensión de la tregua comercial, una modesta reducción de tensiones en controles de exportación, la reanudación de envíos de tierras raras chinas y compras simbólicas de productos estadounidenses. Los avances reales en los subsidios industriales chinos o en la sobrecapacidad manufacturera de Beijing son, de acuerdo con la misma fuente, poco probables.

La asimetría de objetivos entre ambos líderes es un factor clave para entender lo que puede y lo que no puede salir de esta cumbre. Como señala el CFR, Trump llega a Beijing buscando titulares y resultados visibles antes de las elecciones intermedias; Xi, en cambio, juega un partido de largo plazo, apostando por la paciencia estratégica antes que por concesiones sustantivas. El objetivo de China es comprar tiempo para consolidar su posición tecnológica e industrial; el de Estados Unidos, asegurar victorias simbólicas más que reformas estructurales al modelo económico chino. 

El socio que no fue invitado: México y el peso del comercio exterior

México no tiene asiento en esa mesa, pero su economía sí está en el tablero. El país es el primer socio comercial de Estados Unidos desde 2023, superando a Canadá y China, y el 83.1% de sus exportaciones totales tienen como destino el mercado estadounidense, de acuerdo con datos del Banco de México y el INEGI. Entre 2020 y 2024, las exportaciones mexicanas crecieron de 417,000 a 617,000 millones de dólares, un avance de casi el 48%.

Esta dependencia tiene una lectura de doble filo. De acuerdo con un análisis de Monex, para México cualquier perturbación en su relación comercial con Estados Unidos tendría un impacto profundo en su economía. Para Estados Unidos, en cambio, el comercio con México representa apenas el 2.1% de su PIB, lo que hace que los costos de una eventual tensión comercial sean, desde Washington, manejables. Este desequilibrio estructural define la posición de México frente a cualquier acuerdo que involucre a sus dos grandes socios.

Cómo la guerra comercial de 2018 ya transformó a México

Para entender el impacto potencial de la cumbre actual, es necesario revisar lo que ocurrió la última vez que Washington y Beijing se enfrentaron abiertamente. Cuando la primera administración Trump impuso aranceles a productos chinos entre 2018 y 2019, México fue uno de los grandes beneficiarios de la reconfiguración global que vino después.

Según un análisis del Banco de la Reserva Federal de Dallas, la guerra comercial EE.UU.-China generó un efecto de desvío de comercio que incrementó el PIB de México en hasta 1.08% en el largo plazo. La demanda de productos que antes surtía China fue redirigida hacia México y otros proveedores alternativos.

Una investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que ese fenómeno inyectó aproximadamente 75,000 millones de dólares adicionales en las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos entre 2017 y 2023, lo que equivale al 45% del aumento total de exportaciones del país en ese periodo.

El canal principal de esos beneficios fueron las empresas integradas en cadenas globales de valor (GVCs), que operan en México bajo el esquema IMMEX. Según un estudio de los investigadores Hale Utar, Alfonso Cebreros y Luis Torres, fueron las filiales de multinacionales extranjeras, directamente afectadas por los aranceles, las que más impulsaron el desempeño exportador mexicano durante esa disputa comercial.

El nearshoring, o la relocalización de cadenas de suministro hacia América del Norte, aceleró ese proceso. De acuerdo con el FMI, la proximidad geográfica de México, su pertenencia al T-MEC y sus costos competitivos lo posicionaron como destino natural para empresas que buscaban alejarse de la producción en China. Sin embargo, el mismo Dallas Fed advierte que ineficiencias internas, como el rezago en productividad, las reformas revertidas en el sector energético y los niveles de inseguridad, limitaron la captación plena de esos beneficios.

La doble dependencia: exporta al norte, importa del oriente

El mapa comercial de México revela una posición peculiar: el país es profundamente dependiente de Estados Unidos como destino de sus exportaciones, pero al mismo tiempo depende de China como fuente de importaciones e insumos industriales.

De acuerdo con datos del Banco de México, China es el segundo socio comercial de México, con un intercambio bilateral que creció 4,432% entre 2000 y 2024, pasando de 3,000 a casi 140,000 millones de dólares. Las importaciones provenientes del país asiático representaron el 20.8% del total de las importaciones mexicanas en 2024.

En 2024, México exportó a China 9,190 millones de dólares frente a importaciones por 128,500 millones, lo que resultó en un déficit histórico de 119,313 millones de dólares. En otras palabras, México compró 14 veces más de lo que vendió al país asiático.

Lo que vuelve este déficit más complejo es que los insumos chinos son parte fundamental del éxito exportador de México. Según un análisis de Monex, de los 10 capítulos con mayor participación en las exportaciones totales de México, China provee insumos esenciales en 6 de ellos, con una participación promedio del 24.6% de las importaciones correspondientes a esos capítulos.

Washington ve esta dinámica con recelo. Desde hace años, funcionarios estadounidenses señalan que empresas chinas utilizan a México como plataforma para ensamblar componentes y acceder al mercado de EE.UU. a través del T-MEC, eludiendo así los aranceles que enfrentan directamente. Zonas industriales como el parque Hofusan, en Nuevo León, alojan más de 20 manufactureras chinas y continúan en expansión, de acuerdo con el análisis del Centro de Estudios China-México (CeChimex) de la UNAM.

La inversión china se frena ante la incertidumbre

Esa tensión entre el interés chino en México y la presión de Washington ya está dejando huella en los flujos de inversión, incluso antes de que la cumbre de Beijing produzca resultados.

De acuerdo con el Monitor de la Inversión China en América Latina del CeChimex-UNAM, la inversión extranjera directa china en México cayó 80% en 2025, de 3,017 millones de dólares en 2024 a apenas 588 millones el año pasado.

La caída no responde a una falta de interés por parte de las empresas chinas. Enrique Dussel Peters, coordinador del CeChimex, señaló que el interés empresarial se mantiene, especialmente en el sector automotriz, que concentró el 43% de la inversión china en México en los últimos dos años. Lo que frenó los flujos fue la presión de Estados Unidos para limitar esa participación, combinada con la incertidumbre derivada de la revisión del T-MEC.

Entre 2020 y 2025, México captó 11,567 millones de dólares de IED china, posicionándose como el segundo destino regional en América Latina solo por detrás de Brasil, y el líder en número de proyectos con 98 transacciones registradas.

La inversión china se frena ante la incertidumbre

Cabe señalar que los datos reales podrían ser considerablemente mayores. El CeChimex advierte que la inversión china está subregistrada en las estadísticas oficiales, porque la Secretaría de Economía mide la IED por el último país de origen, ocultando capital chino que entra a través de terceros territorios. El monitor estima que sus datos pueden ser hasta 4.5 veces superiores a los oficiales.

Desde el gobierno mexicano, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, rechazó la narrativa que describe a México como plataforma de China y señaló que tanto Estados Unidos como Canadá mantienen mayor presencia de capital chino en términos relativos. En la misma línea, el subsecretario Luis Rosendo Gutiérrez aseguró en el foro APEC que no existe ninguna instrucción de alejarse de China y que la cooperación con ese país sigue vigente.

Los escenarios: qué pasa si Trump y Xi llegan a un acuerdo

Los posibles resultados de la cumbre de Beijing plantean escenarios con consecuencias concretas para México que vale la pena analizar.

Si Trump y Xi consolidan una extensión duradera de la tregua comercial o reducen mutuamente sus aranceles, el incentivo que llevó a empresas a relocalizar su producción desde China hacia México se debilitaría. La lógica del nearshoring se construyó, en buena medida, sobre la premisa de que exportar desde China hacia Estados Unidos tenía un costo arancelario elevado. Si ese costo baja, la ecuación de inversión cambia para las multinacionales que evalúan dónde instalar capacidad productiva.

Si los dos líderes avanzan en la creación de la junta bilateral de comercio que se espera anuncien, México podría enfrentar una instancia que fije reglas del relacionamiento económico entre las dos mayores economías del mundo sin participación mexicana, pero con consecuencias directas en el funcionamiento del T-MEC y en las reglas de origen que determinan qué productos pueden ingresar al mercado estadounidense con arancel cero.

El escenario más probable, según el CFR, es el de acuerdos limitados y simbólicos: compras de productos estadounidenses por parte de China, grupos de trabajo en comercio e inteligencia artificial, y retórica de «competencia responsable». Este escenario mantendría la incertidumbre para México, pero no resolvería el problema estructural: el país seguiría siendo una economía que exporta casi todo al norte y depende de insumos del oriente, navegando entre dos potencias que negocian su relación sin que México tenga voz en esa conversación.

México en la encrucijada

La revisión del T-MEC, que está en curso, es el mecanismo concreto a través del cual los resultados de la cumbre Trump-Xi podrían llegar con mayor fuerza a la economía mexicana. Como señala un análisis del IMCO, México enfrenta la decisión de adoptar una postura defensiva, buscando preservar el tratado y eliminar aranceles existentes, o una postura pro-positiva que convierta al T-MEC en una herramienta de competitividad en el nuevo orden global.

Lo que está en juego es la posición de México como plataforma manufacturera de América del Norte en una era de fragmentación geo-económica. La guerra comercial de 2018 la fortaleció. Un acuerdo amplio entre Washington y Beijing podría estrecharla. Y todo eso se está decidiendo, esta semana, en una ciudad a la que México no fue convocado.

Publicado originalmente por: https://www.liderempresarial.com/entre-dos-gigantes-la-cumbre-trump-xi-y-su-impacto-en-mexico/

Share This