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Manuel Herrejón Suárez/Quadratín EMX

México ya produce más automóviles que países históricamente industriales como Alemania o Corea del Sur. Y, aun así, seguimos hablando de nuestra industria automotriz como si todavía fuera una promesa. Gran contradicción, ¿no creen?

De acuerdo con cifras retomadas recientemente por diversos análisis del sector, México produjo alrededor de 4 millones de vehículos durante 2025, colocándose únicamente detrás de Japón y Estados Unidos en el continente, y consolidándose entre los países más relevantes de la manufactura automotriz global. No es asunto menor.

Estamos hablando de una industria que sostiene cientos de miles de empleos, atrae inversión extranjera, mueve cadenas logísticas completas y representa uno de los pilares más sólidos de las exportaciones mexicanas. En muchas regiones del país, la economía gira alrededor del automóvil, las autopartes, el transporte, acero, servicios, tecnología, manufactura avanzada.

México dejó hace tiempo de ser solamente una plataforma barata de ensamblaje. El problema es que todavía no termina de convertirse en algo más. Y ahí está el punto importante.

Porque producir mucho no necesariamente significa capturar más valor. Creo que ese es el verdadero debate que México sigue postergando.

Durante años, el país construyó una enorme capacidad manufacturera aprovechando ventajas muy claras: ubicación geográfica, cercanía con Estados Unidos, costos competitivos y el ecosistema comercial del T-MEC. Todo eso funcionó. Ahí están los números, pero el mundo automotriz cambió.

Hoy, la conversación global ya no gira únicamente alrededor de quién ensambla más vehículos, sino de quién controla la tecnología, el desarrollo, las baterías, el software, la propiedad intelectual y la nueva generación de movilidad, y desde mi perspectiva, ese es el punto donde México todavía se queda corto.

Porque mientras otros países avanzan hacia la electrificación, inteligencia artificial aplicada al automóvil y cadenas de suministro más sofisticadas, nosotros seguimos dependiendo en gran medida de decisiones corporativas tomadas fuera del país. Eso tiene ventajas, claro. Pero también límites.

México produce millones de autos, pero muchas veces el valor más alto del negocio no se queda aquí. Se queda en el diseño, en la ingeniería, en las patentes, en la tecnología y en la integración de componentes estratégicos.

Es decir, fabricamos mucho… pero capturamos menos de lo que podríamos. Y eso importa más de lo que parece.

Porque una economía no se fortalece únicamente por volumen de producción. Se fortalece cuando logra construir capacidades propias alrededor de esa producción. Proveedores nacionales sólidos, innovación local, desarrollo tecnológico, especialización técnica y cadenas de valor que permitan que más riqueza permanezca dentro del país.

En ese rubro, México todavía tiene una deuda pendiente.

La buena noticia es que la oportunidad sigue abierta. Y probablemente pocas veces había sido tan clara como ahora.

La tensión comercial entre Estados Unidos y China, la reconfiguración de cadenas globales y el fenómeno de relocalización industrial han colocado a México en una posición privilegiada. El mundo necesita producir más cerca del mercado norteamericano, y México tiene condiciones que pocos países pueden ofrecer al mismo tiempo.

Infraestructura industrial, capacidad manufacturera, experiencia exportadora y una integración comercial difícil de replicar. Pero cuidado, las oportunidades industriales no duran para siempre.

Si México se conforma con seguir siendo únicamente una plataforma eficiente de manufactura, otros países terminarán capturando la parte más rentable del negocio. Y eso ya empezó a pasar en sectores tecnológicos y energéticos.

La industria automotriz puede ser el gran motor económico de la próxima década… o puede convertirse en otro ejemplo de crecimiento incompleto.

La diferencia estará en las decisiones que se tomen ahora, porque ya no basta con atraer plantas. Ahora el reto es construir ecosistemas completos alrededor de ellas. Formar talento especializado. Incentivar innovación. Integrar proveedores nacionales de mayor valor agregado. Apostar por tecnología y desarrollo propio.

Eso es lo que hacen las economías que verdaderamente dan el siguiente paso.

México ya demostró que puede fabricar vehículos para el mundo. La pregunta es si también va a construir una estrategia para que una mayor parte de esa riqueza realmente se quede en el país.

Porque al final, producir más autos es importante. Pero producir desarrollo alrededor de ellos lo es todavía más.

Publicado originalmente por: https://edomex.quadratin.com.mx/mexico-arma-millones-de-autos-pero-la-mayor-riqueza-se-va-de-sus-manos/

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