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Sabemos que la IA no viene sola. Viene con factura: energía, agua y demanda computacional 24/7. Y esa factura la vamos a pagar todos.

Durante años, la innovación tecnológica se midió con una sola regla no escrita: más poder. Más velocidad, más almacenamiento, más capacidad, más “algo”. En 2026, esa idea ya no alcanza. No porque nos hayamos vuelto menos ambiciosos, sino porque el mundo se dio cuenta de algo clave: el verdadero poder no está en consumir más, sino en lograr más con menos.

Por eso la eficiencia energética dejó de ser un “nice-to-have” o un dato secundario en una ficha técnica. Hoy es el nuevo estándar: la forma más clara de distinguir quién está innovando… y quién solo está empujando el mismo modelo con más gasolina.

La sostenibilidad digital ya no es discurso, es métrica

Antes era común pensar en sostenibilidad como un tema “verde” separado del mundo digital, como si el internet viviera en una nube literal y no en una infraestructura física gigantesca. Pero la realidad es que la tecnología también consume energía –y mucha–. Y es un tema en el que ya he profundizado antes .

El uso de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestro día a día es, sin duda, el avance más emocionante de los últimos años. Pero también es el más demandante. Sabemos que la IA no viene sola. Viene con factura: energía, agua y demanda computacional 24/7. Y esa factura la vamos a pagar todos.

Este cambio de escala ya es tan evidente que incluso se está colando en la agenda política y energética. En Estados Unidos, por ejemplo, Donald Trump impulsó recientemente la idea de una subasta energética de emergencia”, donde grandes empresas tecnológicas —especialmente aquellas que operan centros de datos e infraestructura de IA— tendrían que pagar directamente por nueva capacidad de generación eléctrica. El mensaje es claro: la demanda energética del cómputo moderno ya no puede seguir cargándose al sistema como si fuera infinita. Cuando incluso una potencia como Estados Unidos empieza a preguntarse quién va a pagar la factura energética de la IA, queda claro que el problema no es futurista ni teórico. Es presente, es estructural y obliga a repensar cómo crecemos sin colapsar.

Una consulta en modelos como ChatGPT puede consumir hasta 10 veces más energía que una búsqueda tradicional en Google. Y esto no es un simple detalle técnico, es un cambio de escala. Cien millones de personas usan ChatGPT semanalmente, y eso sin contar Copilot, Gemini, Grok y todo el ecosistema que está creciendo alrededor.

La historia no se reduce al uso diario. La IA no solo consume recursos cuando la usas. El verdadero “recibo” se empieza a generar desde antes, en su entrenamiento. Para ponerlo en perspectiva: entrenar a GPT-3 fue como obligar a una supercomputadora a leer casi todo internet de un tirón. ¡Qué maravilla!, sí, pero requirió alrededor de 1.3 millones de kWh, comparable con 1.6 millones de horas de streaming en Netflix.

Publicado originalmente por: https://esg.expansion.mx/opinion/2026/01/30/eficiencia-energetica-el-nuevo-estandar-de-la-innovacion

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