En medio de crecientes tensiones comerciales y en la antesala de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el sector automotriz mexicano enfrenta uno de los momentos más complejos y, a la vez, decisivos de su historia reciente.
Durante la conferencia Estado del sector automotriz mexicano: T-MEC, aranceles y estadísticas, Alberto Bustamante, presidente de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (Anapsa), delineó un panorama en el que convergen la presión arancelaria de Estados Unidos, el endurecimiento de las reglas comerciales y, al mismo tiempo, una ventana de oportunidad para consolidar a México como potencia global.
El punto de partida fue que México ya no es un actor secundario. Con exportaciones a más de 100 países y una producción de alrededor de 4.2 millones de vehículos al año, el país se ha consolidado como el segundo fabricante en Norteamérica, superando a Canadá, cuya participación ha venido disminuyendo de forma sostenida.
Para Bustamante, este cambio no es casualidad, sino el resultado directo de la integración comercial desde 1994.
“El único ganador ha sido México”, afirmó.
Sin embargo, la relevancia del sector no se limita al volumen de producción. La industria automotriz representa cerca del 22% del empleo manufacturero del país y ha construido una red de proveeduría que supera los 900 mil empleos directos en autopartes.
Este ecosistema no solo sostiene a las armadoras, sino que multiplica el impacto económico, que por cada empleo en una planta ensambladora, se generan múltiples posiciones en la cadena de suministro.
El verdadero peso del sector se refleja en su balanza comercial. Con un superávit cercano a los 108 mil millones de dólares (mdd), el automotriz supera, incluso de forma conjunta, a industrias como remesas, turismo y petróleo.
Esta fortaleza se explica, en buena medida, por el papel estratégico de México como proveedor de autopartes para Estados Unidos. Hoy, el 43% de las importaciones estadounidenses en este rubro provienen de México, una ventaja que coloca al país muy por encima de otros socios como Canadá.
Esa interdependencia ha generado una realidad contundente: ningún vehículo de combustión interna en Estados Unidos puede fabricarse sin componentes mexicanos.
Cada unidad producida en ese país incorpora, en promedio, más de 10 mil dólares en autopartes provenientes de México. Pero esta misma relevancia es la que ha colocado al sector en el centro de la disputa comercial.
Rumbo a la revisión del T-MEC
De cara a la revisión del tratado comercial, Estados Unidos busca endurecer las reglas del juego. La propuesta incluye elevar el contenido regional de los vehículos de 75% a 85%, exigir que al menos la mitad de los componentes provengan directamente de territorio estadounidense y reforzar las disposiciones laborales.
A esto se suma una estrategia más amplia orientada a reducir la dependencia de Asia, particularmente de China.
En paralelo, el entorno arancelario se ha vuelto más agresivo. Aunque el T-MEC permite exportaciones con tarifas preferenciales, diversas medidas impulsadas desde Washington han derivado en aranceles de hasta 25% para ciertos vehículos y componentes, especialmente aquellos con alto contenido de acero, aluminio o cobre.
“El sector automotriz está en el ojo del huracán”, advirtió Bustamante.
México, por su parte, ha comenzado a tomar medidas en la misma lógica geopolítica. La imposición de aranceles de hasta 50% a productos provenientes de países sin tratado comercial, en particular China, busca fortalecer la integración regional.
No obstante, la industria ha manifestado preocupaciones cuando estas medidas alcanzan materias primas esenciales para la manufactura, como el plástico, lo que podría encarecer la producción local.
En este contexto, la próxima revisión del T-MEC, que iniciará formalmente en julio, se perfila como un punto de inflexión. Desde Anapsa, el llamado es a asegurar condiciones de certidumbre y proteger al sector frente a medidas unilaterales.
Entre las propuestas destaca la firma de acuerdos paralelos que blinden a la industria automotriz de nuevos aranceles, así como el fortalecimiento del Estado de derecho y la seguridad, factores que inciden directamente en la competitividad.
A pesar del entorno adverso, el diagnóstico no es pesimista, por el contrario, Bustamante anticipó que México se encamina a una nueva etapa de expansión.
En los próximos años, el país podría posicionarse como el cuarto productor mundial de vehículos ligeros y el tercero en autopartes, impulsado por una mayor integración regional y nuevas inversiones, muchas de las cuales, aseguró, ya están ocurriendo, aunque con menor visibilidad pública.
“Se vienen tiempos de turbulencia”, reconoció.
Pero también dejó claro que el sector ha construido una base lo suficientemente sólida como para no solo resistir, sino crecer.
La industria automotriz mexicana, que tardó más de dos décadas en consolidarse, enfrenta ahora su siguiente gran prueba de adaptarse a un entorno más restrictivo sin perder su lugar como uno de los pilares económicos del país y socio indispensable para Norteamérica.
Publicado originalmente por: https://t21.com.mx/sector-automotriz-mexicano-potencia-global-en-medio-de-turbulencia-comercial/
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