Select Page

Estados Unidos ha abierto –a medias– la puerta a México y Canadá para reducir los aranceles sobre el aluminio y el acero en el sector automotriz. El Departamento de Comercio de EE UU estableció una rebaja del 50% al 25% a los aceros mexicanos y canadienses para vehículos medianos y pesados y autopartes, aunque el beneficio está condicionado a que las empresas interesadas se comprometan a producir en ese país. Los representantes del sector siderúrgico mexicano coinciden en que esta decisión supone una victoria marginal para México debido a que se excluye a los aceros para autos ligeros y es una medida más orientada a tratar de recolocar la manufactura a su territorio que a equilibrar la balanza comercial con sus socios del TMEC.

Las compañías que soliciten la reducción deberán acreditar que son proveedores de la industria automotriz de EE UU y proporcionar al detalle su plan de inversión en territorio estadounidense: ubicación, metas de producción, empleo, así como una lista de proveedores y contratistas. “Solo los solicitantes que producen acero o aluminio en Canadá o México y que suministran, directa o indirectamente, a productores estadounidenses de automóviles o vehículos pesados de gran tonelaje son elegibles para el ajuste arancelario basado en nuevos compromisos de producción”, refiere la orden publicada en el Registro Federal estadounidense.

El Gobierno del presidente Donald Trump añade que solo serán beneficiarios del descuento los importadores que cumplan con las reglas de origen del TMEC. En este caso, se debe acreditar que el acero y el aluminio fueron fundidos o moldeados en México y Canadá. “El ajuste arancelario se limitará a un período fijo, según lo determine el Departamento, que refleje los recursos comprometidos, los beneficios para la seguridad nacional derivados del compromiso, el tiempo comercialmente razonable necesario para completar el proyecto e iniciar la producción con la nueva capacidad”, refiere el documento.

De esta manera, para el sector siderúrgico en México, la rebaja arancelaria supone una exención condicionada que, además, está limitada a la cadena de suministro de ciertos vehículos. “Es una medida que solo intenta beneficiar a EE UU y está orientada a tratar de repatriar la manufactura, lo cual difícilmente sucederá porque el incremento de costos y la pérdida de competitividad en la cadena de suministro hará que, en su caso, las industrias regresen a sus países de origen en Europa y Asia”, refiere un representante de la industria, que prefiere omitir su nombre.

La distinción entre aceros automotrices y el resto de los insumos para otras industrias también supone para los empresarios un punto a atender. “Solamente es para facilitar el proceso de una parte de fabricación automotriz, no toda, porque excluye automóviles ligeros, pero lo suficiente para también dividir en México. Las empresas que se vean favorecidas por esta medida presionarán menos para la eliminación de tarifas que las que quedan fuera”, indica otro representante de la iniciativa privada a este diario. En el país operan algunas de las principales armadoras estadounidenses como General Motors, Ford y Stellantis.

La concesión que Washington ha hecho a México y Canadá sobre el acero y aluminio automotriz ocurre a menos de tres meses del arranque de la revisión trilateral del TMEC. En esta mesa, donde se definirá el futuro de la integración comercial de Norteamérica, las industrias automotrices y siderúrgicas jugarán un papel relevante debido a su estrecha relación regional. En más de una ocasión, Trump ha asegurado que grandes cantidades de acero chino llegan a su territorio, sin pagar aranceles, a través de México. En este pulso, el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha elevado el punto de mira sobre las importaciones asiáticas y ordenó el incremento de aranceles para un millar de fracciones arancelarias provenientes de aquellos países con los que México no tiene tratado comercial, entre ellos, China.

La negociación de los aranceles al acero y al aluminio se ha convertido en un punto de honor para México. La presidenta ha asegurado que el tema ha formado parte de la mayoría de las llamadas que ha sostenido con el presidente Trump y también fue uno de los temas centrales en la reciente visita de Jamieson Greer, representante comercial de EEUU a Ciudad de México, como parte de las conversaciones bilaterales por el TMEC. Sin embargo, los analistas indican que la Administración de Trump no está dispuesto, al menos todavía, a relajar esta política proteccionista. “Si bien Estados Unidos ha dicho [en la última reunión bilateral] que no hay mucho que se pueda hacer, en términos de los aranceles al acero y al aluminio, eso no va a ser aceptable para el sector privado mexicano”, señala Jorge Guajardo, exembajador mexicano en China y socio de DGA Group.

México sostiene que el impuesto del 50% a sus exportaciones de acero a Estados Unidos es injustificado, pues importa más de lo que vende, en momentos en los que el sector acusa una profunda crisis que ha hundido su producción. De acuerdo con las cifras oficiales, el desbalance comercial asciende a más de 4.000 millones de dólares al año. Esta tensión abre espacios para tácticas comerciales más contenciosas, como los aranceles recíprocos. México ya ha probado esta fórmula en el pasado: en 2018, Washington impuso aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio de México bajo el amparo de la sección 232, citando preocupaciones de seguridad nacional. En ese entonces, el Gobierno mexicano respondió con medidas recíprocas a productos estadounidenses como carne de cerdo, quesos y acero, tarifas que se eliminaron en el marco del TMEC.

Ante este escenario, Guajardo añade: “Por supuesto, estamos hablando de un tratado de libre comercio y esto va en contra del libre comercio. Pero si Estados Unidos sostiene que para ellos es imperativo poner un arancel al acero mexicano, ellos entenderían que entonces México hiciera lo mismo al acero de Estados Unidos. Simplemente es reciprocidad”.

Los aranceles proteccionistas de Trump, en línea con su política “America First” (Primero Estados Unidos), han colocado a la industria siderúrgica mexicana en su peor crisis desde 2008. La industria opera a menos del 60% de su capacidad debido a la crisis generada por el muro arancelario y el aumento de las importaciones asiáticas en el mercado mexicano. Frente a esto, la medida del Departamento del Comercio se perfila como una válvula de oxígeno para México y Canadá. Sin embargo, el alto costo de condicionar la medida a planes de inversión de manufactura en Estados Unidos, abre un camino que se antoja complicado frente a la caída operativa interna y con la revisión máxima del TMEC en puerta.

Publicado originalmente por: https://elpais.com/mexico/economia/2026-04-29/mexico-obtiene-una-victoria-marginal-con-el-descuento-arancelario-de-estados-unidos-al-acero-y-al-aluminio-automotriz.html

Share This